viernes, 31 de julio de 2015

Drogas alucinógenas

Las drogas alucinógenas –también llamadas psicodélicas, psicotomiméticas, visionarias o enteógenas– son sustancias que modifican el estado de consciencia, el pensamiento, el estado de ánimo y, especialmente, la percepción. Su característica más peculiar es su capacidad para inducir visiones o alucinaciones. Existen abundantes compuestos con propiedades alucinógenas, tanto sintéticos como naturales.
A pesar de que la más conocida –por su larga historia– es el LSD, actualmente la más utilizada son las setas alucinógenas.
Cualquier clasificación de las sustancias psicoactivas –por trato penal (legales e ilegales), por efectos (depresoras, estimulantes y alucinógenas), por potencial adictivo (altamente adictivas y no), por intensidad, etc.– es limitada y únicamente orientativa. Así, cuando se hace referencia a drogas alucinógenas se está hablando de drogas cuyos efectos más frecuentes son distorsionadores de la percepción. Estos efectos dependerán no sólo de las características farmacológicas de la droga en cuestión, sino también de la dosis, el contexto y las características personales –predisposición psicológica, carácter, estado de ánimo y otros aspectos.
De forma genérica, el uso de estas drogas provoca pocos casos de dependencia. Sin embargo, están altamente asociadas –especialmente en algunas personas– con consecuencias psíquicas indeseables (que pueden limitarse a unas horas –en algunos casos– o convertirse en permanentes e irreversibles)

Drogas auditivas

Un nuevo tipo de drogas estaría empezando a ser consumido por los jóvenes bogotanos, según un informe de la Universidad Manuela Beltrán, que afirmó que desde hace unos cinco años hay unas drogas sonoras, conocidas en la red como e-drugs o drogas digitales, que generarían los mismos efectos que sustancias alucinógenas como la marihuana o el éxtasis.
Edith Pachón, quien es docente del programa de Fonoaudiología de la Universidad Manuela Beltrán, afirmó que se trata de sonidos que se envían con diferencia de frecuencias, que generan en el cerebro una tercera onda.
Según la fonoaudióloga, las drogas digitales deben ser escuchadas con audífonos por periodos de 15 a 30 minutos, pues en este tiempo de exposición de sonido al oído es cuando podría generarse en el cerebro diferentes experiencias sensoriales como sensación de emoción, placer, descanso, relajación, cansancio o malestar.

¿Por qué existe el deseo de consumir drogas?





En el cerebro tenemos una zona de células denominada ‘Sistema de recompensa o de gratificación’. Gracias a ella, el ser vivo obtiene placer al realizar determinadas actividades como comer, beber y mantener relaciones sexuales, que van encaminadas al mantenimiento de la vida. Esta obtención de placer consigue que se lleve a cabo un comportamiento de búsqueda en espera de obtener la recompensa.
Ciertos experimentos* realizados en animales han demostrado que, colocando un electrodo en esta zona cerebral y adiestrando a los animales a estimularla mediante una palanca, que les producía placer, perdían el interés por comer, beber y relacionarse sexualmente, pues obtenían el placer sin necesidad de esfuerzo, y estaban continuamente pulsando la palanca.
Las drogas actúan produciendo ese ‘placer’ sin necesidad de esfuerzo, por el mero hecho de consumirlas.
Cuanto más se consume, el deseo se convierte en ‘deseo patológico’, y pasa a ser el centro de la vida del adicto
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Consumo de drogas

En este ámbito del consumo de drogas, como en otros de la Sanidad Pública, se ha venido a considerar que la prevención es una faceta de intervención prioritaria y deseable, con una mejor relación coste / beneficio que el tratamiento o la rehabilitación. Sin embargo, una 7 premisa esencial para que esta consideración pueda ser tomada en cuenta seriamente es que la prevención se base en sólidos fundamentos y se encuentre respaldada por la investigación científica. Estudios realizados durante las dos últimas décadas han intentado determinar el origen y la trayectoria del uso de drogas (cuándo empieza este problema y cómo progresa). Así, se han identificado varios tipos de factores que diferencian a los que usan drogas de los que no las usan. Se entiende por factores de riesgo aquellas circunstancias o características personales o ambientales que, combinadas entre sí, podrían resultar predisponentes o facilitadoras para el inicio o mantenimiento del uso y abuso de drogas. Los factores de protección se definen como aquellas variables que contribuyen a modular o limitar el uso de drogas.